martes, 10 de marzo de 2026
SINOPSIS RELATO DE MI VIAJE
Este verano, a finales de agosto, María Ferluy hace un viaje de una semana a dos países: unos pocos días en Eslovaquia y dos noches y un día en Viena. Es la primera vez que ella hace un viaje en avión y sale de la Península Ibérica, donde reside.
En este pequeño relato autobiográfico, nos cuenta su primera experiencia fuera de la Península Ibérica.
VIAJE, AUTOBIOGRÁFICO
ÍNDICE RELATO DE MI VIAJE
Índice
Mi primer vuelo………………….....9
Banská Bystrica…………………...17
Banská Štiavnica…………………..23 Relax……………………………….31 Bratislava…………………………..35
Ruta por Viena…………………….41 Epílogo…………………………….47
Más fotos…………………………..53
FRAGMENTOS RELATO DE MI VIAJE
Mi primer vuelo
Desde que era pequeña, siempre quise volar en avión, conocer otros países, salir de España. La primera vez que de España tenía 16 años, y mi primer viaje al extranjero fue a Portugal. Fuimos mis padres, mi hermano, mis tíos, mis primos y yo, desde la provincia de Jaén hasta Portugal en coche. No tuvimos que ir en avión.
Ahora tengo 29 años, cumplidos el 29 de julio de 2023. Mi primo Antonio se fue a vivir a Eslovaquia el año pasado. Este verano mis tíos me preguntaron si quería ir con ellos a Eslovaquia y yo acepté. Tenía una oportunidad y no iba a desaprovecharla. Sentía ganas de subir a un avión, de conocer otros países, pues solo había ido a Portugal.
Durante la primera semana de agosto de 2023, cuando regresé a Alcalá de Henares (Madrid), donde vivo desde que nací, decidí preparar el equipaje. Fui con mi madre a montones de tiendas para comprarme una maleta que no pesara demasiado. Dudé entre dos maletas: una de ellas era blanca con una mariposa. Otra estaba estampada de flores. Fue esa la que me compré, la que estaba estampada de flores. Aquella maleta me acompañará durante mi primer viaje a otro país fuera de la Península Ibérica.
En la maleta cabía todo lo necesario para mi viaje: un neceser para las cremas que tengo que echarme en la cara desde que me detectaron rosácea en junio de 2023, poco antes de cumplir los 29 años. Desde que era una adolescente, fui a dermatólogos y todos ellos coincidían en lo mismo: que yo tenía la piel muy sensible, acné y tenía que tomarme el Dercutane. Ahora sé que mi piel es grasa y tengo rosácea.
Así que, me venía muy bien que mi maleta tuviera neceser incorporado, ya que podía meter las cremas que necesitaba.
Mi madre me compró una camiseta en un mercadillo en un pueblecito de la sierra de Cazorla (Jaén), donde voy con mis padres, mi hermano y mi perro de vacaciones.
Decidimos poner en la maleta solo lo imprescindible para la semana que iba a durar el viaje, pero cuando volvimos al pueblo de la sierra de Cazorla, donde había quedado con mis tíos para comenzar el viaje, mi madre pensó que necesitaba más ropa y me prestó dos camisetas suyas.
Me ponía un poco nerviosa pensar en el viaje. Iba a ir a un país desconocido, sin saber el idioma, con un bajo nivel de inglés.
Cuando mis padres volvieron a Madrid, yo me quedé en el pueblo con mis tíos Alejandro y Juli, y mi abuela. Después, pasé unos días en Córdoba en casa de mis tíos. Me gustaba mucho Córdoba.
El primer día de viaje, mis tíos, mi primo, su novia Patricia y yo fuimos a Málaga. Mis tíos y yo llevábamos una maleta cada uno, pero mi primo llevaba una maleta y una mochila. Y su novia llevaba más de una maleta y tres mochilas. Era comprensible: este año se iba a vivir a Eslovaquia. El año pasado se fue a vivir con mi primo a su casa, pero ahora ella tenía que irse a otra ciudad de Eslovaquia a ejercer de profesora.
Cuando entramos en el aeropuerto, tuvimos que esperar mucho tiempo para facturar. Estuvimos un buen rato esperando. La cola avanzaba lentamente y yo me ponía más nerviosa. El padre de la novia de mi primo estaba allí para despedirse. Lo conocí en el aeropuerto.
- ¿Has ido en avión? – Me preguntó.
- No. Es la primera que vuelo – Respondí.
- Te gustará. Ves las casas, y es muy bonito el despegue – Me dijo.
A mí me pareció simpático.
Después de facturar, fuimos todos a comer a un restaurante en el aeropuerto. Elegimos un burguer. Yo me pedí unas patatas con una salsa.
Yo estaba preocupada: me daba miedo vomitar de los nervios, que la comida me sentara mal.
Me sentí mejor cuando fui camino al avión. Me llamó mucho la atención la forma de acceder a él: al menos, en este aeropuerto, se accedía a través de un túnel con paredes de cristal, y al final de él, antes de entrar en el avión, había dos servicios, uno para hombres y otro para mujeres.
Hasta entonces, yo creía que había que subir una escalera, o una rampa. No sé, pero yo pensé que iba a ver esa escalera y esa rampa. Jamás hubiera imaginado aquel túnel de cristales. Me pareció normal: yo nunca había visto un avión por dentro tan cerca.
El avión tenía tres sillas a los dos lados yo me senté en la silla que daba a la pequeña ventana. Me imaginaba una ventana mucho más grande.
Mis tíos se sentaron conmigo y mi primo se sentó con su novia dos asientos más adelante.
Tenía mucho sueño, y mis tíos me dijeron que podía dormir, pero yo no quería perderme nada. No, quería ver cómo despegaba el avión, cómo aterrizaba, aunque tampoco quería estar todo el tiempo mirando por la ventana.
Miraba por la ventana. Me gustó ver cómo se movía el avión, cómo daba la vuelta. Cuando ascendió al cielo, sentí pequeñas molestias en el estómago y en la cabeza, pero me gustó el despegue.
Estuve mucho tiempo mirando el paisaje, viendo cómo se hacía cada vez más pequeño.
Me sorprendió cuando solo vi color azul. Yo pensé que eran cielo y nubes, pero era el mar. Resultaba muy bello verlo desde arriba.
Delante de mí se sentaban dos niños que hablaban mucho y se les caían cosas: un lápiz, unas gafas, un muñeco.
Fuimos al aeropuerto de Viena, donde cogimos nuestras maletas. A mí me pareció muy pesado estar en el aeropuerto.
Desde allí teníamos que ir a Banská Bystrica, donde viven mi primo y su novia. Para llegar, teníamos que coger un autobús a Bratislava y luego, otro que condujera a Banská Bystrica.
Antes de coger un autobús para llegar a Banská Bystrica, hicimos una parada en Bratislava. Metimos todas las maletas en el autobús. Yo miraba el paisaje, y lo que veía de Bratislava me parecía muy hermoso.
Nos tomamos un café cuando llegamos a Bratislava. Mi familia se compró un perrito caliente. Yo también quise, pero teníamos prisa porque el autobús a Banská Bystrica iba a salir pronto y decidí no comérmelo. Ya tendría tiempo de cenar en casa.